Abuela

Abuela

Hoy he tenido una conversación profunda con una persona. Con una luchadora incansable. Su vida se ha basado en la pelea constante por sobrevivir en una sociedad cosificadora que llevaba (y lleva) el machismo por bandera. Enviudó joven, demasiado joven para la época. Despidió a su hijo, que fue a buscar un futuro. A su cargo, una niña que también sufrió las consecuencias del patriarcado. Con una pensión vergonzosa, rompió con todos sus miedos y los esquemas y voló, tan tan alto como le permitieron. Ella es mi abuela. Tiene 84 años, pero su rostro no muestra el paso del tiempo, sino fortaleza. Una arruga por cada batalla ganada y una cana por todo lo vivido.

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Esquemas

Esquemas

Me rompió todos los esquemas de mi hoja de problemas.

No. No era un esquema estructurado. Era un desastre, como yo en aquella época.

Mi vida se basaba en vagar sin destino, buscando algo que me motivara a la salida del primer rayo de sol.

Creía que nada valía la pena, que yo no valía la pena.

Que la bondad se había pasado de moda, y que mi futuro se basaría en intentar sobrevivir a un mundo egoísta y déspota. En este mundo, el intercambio es la base del consumo. Si tú me das algo, yo te daré algo a cambio.

No quedaba nadie que hiciese las cosas por voluntad. Nadie.

Excepto tú.

Rompiste mi esquema basado en problemas.

Lo quemaste.

Plantaste las cenizas,

y floreció una nueva yo.

Gracias 🌿

Mi cóctel molotov particular

[¿Cómo titular este desastre?]

Hoy es viernes noches

Me dispongo a trasnochar con un combinado en mano.

La diferencia es que este combinado no es de alcohol. Mi mente aguarda la mezcla más explosiva. Culpa, miedo, sentimientos encontrados, duda… qué combinado tan perfecto. Un cóctel, pero molotov.

Mi cerebro está próximo a estallar, mi mente al borde del colapso y mi estabilidad emocional a la puerta del fracaso.

Quiero llorar pero no puedo. Quiero gritar pero no debo.

Quiero saber por qué yo no, pero otros si.

“Si nosotras paramos, se para el mundo”

“Si nosotras paramos, se para el mundo”

“No hace falta la huelga”, “Yo no veo desigualdad”, “Pero si yo ayudo en casa”

El día…

En que podamos salir a la calle con la seguridad de que no nos piten desde un coche, nos griten o nos piropeen.
El día en que disfrutemos de una fiesta sin que nos hayan tocado, dicho alguna guarrada o sufrido una agresión sexual.
El día en el que nos levantemos por la mañana y no veamos ningún titular indicando que otro hombre ha asesinado a una mujer.
El día en el que se nos respete en el trabajo, se cierre esa brecha salariar que nos hace cobrar sueldos inferiores por realizar el mismo trabajo que el sexo masculino y rompamos un techo de cristal que no nos permite avanzar en el mercado laborar.
El día en el que se deje de relacionarnos directamente con el cuidado, las labores del hogar y la crianza de los hijos.
El día que se deje de decir “Yo ayudo en casa”, como si esa labor fuese única y exclusivamente nuestra. LAS TAREAS SE REPARTEN EQUITATIVAMENTE.
El día en el que dejemos de tener miedo de caminar solas por calle porque no sabemos qué nos podrá pasar por el camino.
O de ir a denunciar por tantos años de maltrato y que se nos cuestione.
El día que se nos deje de juzgar por cómo íbamos vestidas, por decir que no o por decir que sí.
Cuando llegue ese día, habrá una igualdad real. Nuestras madres, abuelas y toda una generación de mujeres han luchado para que hoy se nos considere personas, porque quiero recordar que antiguamente no teníamos derecho a nada. Gracias a todas ellas, por darnos el impulso para seguir volando y luchando por todo lo que nos falta conseguir. Porque si nosotras paramos, se para el mundo.

YO PARO. YO LUCHO.

La mente del que no se a(r)ma

Nos creemos tan poco, tan inferiores, tan insignificantes. Siempre miramos al otro, al de al lado, aquel al que todo parece irle de perlas, al que tiene virtudes y aptitudes, al que se le da bien y lo hace bien. La depresión nos invade, la autoestima se envuelve en una atmósfera negra llena de pensamientos negativos y nefastos, el suelo no es el límite para nosotros y nos hundimos en el subsuelo, bajo tierra, como si fuese un ataúd de autoestima tapado con una pila de sentimientos nocivos. No salimos de ahí, es como una especie de zona de confort donde evadirnos de la realidad y creer para toda la vida que no valemos, que estamos mejor así sin creer en nosotros y ver como otros pisan el suelo donde estamos enterrados.

La mente del que no se a(r)ma esconde tantos secretos y tantos temores, fantasmas del pasado y errores. La mente del que no se a(r)ma es tan impredecible que nunca sabes por donde saldrán los tiros. Deja de no amarte y empieza a armarte. Ármate de valor, de ganas, de fuerza, ármate y dispara contra todos tus temores, tu sufrimiento, dispara ‘’al no puedo’’ y de paso al ‘’no lo voy a conseguir’’

Ármate y ámate.

Iguales a la par que diferentes

Nos gustan cosas distintas. Tú visualizas un mundo imaginario mientras yo lo vivo en carne propia. Tú luchas con un teclado y un ratón mientras que yo lo hago escribiendo. Porque tú te dedicas a las nuevas tecnologías y yo me aferro al desusado papel.

Nunca dos polos opuestos se han atraído tanto. Muchos no se molestan en entenderlo. Yo quiero aprender de ti, de lo que te gusta. No quiero dedicarme a ello ni imitarte para gustarte más o gustarles a terceros, tampoco pretendo que tú lo hagas. El amor que sentimos, la fuerza con la que lo vivimos, el respeto que nos tenemos y el aprendizaje mutuo es lo que nos hace eternos. No hace faltar hacer lo mismo para entendernos, porque con la mirada nos conocemos.