La magia de Granada

Cuando inicié mi viaje en coche el pasado mes de agosto por la zona sur de Andalucía jamás pensé enamorarme de lo inesperado. Tras unos días en la capital andaluza emprendí el rumbo hacia mi segunda parada: Granada. A la hora de pensar en esta ciudad nos viene a la cabeza únicamente su atracción turística principal: La Alhambra. Pero Granada aguarda mucho, mucho más. Bajo el manto de Sierra Nevada y a las orillas del río Genil se esconde cultura, luz, alegría, arte, magia. Te envuelve y te atrapa, sumergiéndote en una especie de realidad paralela. Como si de un cuento se tratase.

Este núcleo urbano puede presumir de diversas cosas, pero sobre todo de su multiculturalidad. Una de sus mayores riquezas es la mezcla hispanomusulmana que recorre todos los rincones. Por supuesto, el claro ejemplo de ello es La Alhambra y el Generalife. Esta ciudad nazarí y sus preciosos jardines reciben cada año a miles de visitantes, por lo que el acceso se encuentra limitado. Es tan grande la demanda que en muchas ocasiones las taquillas para acceder al lugar cuelgan el cartel de completo. La persona que tenga la dicha de entrar podrá disfrutar del Alcazaba, el Palacio de Nazaríes (donde se encuentra el conocido Patio de los Leones), y finalmente de los palacios, residencias y Jardines del Generalife. Es como estar en otra época diferente u otro sitio del mundo.

Aunque disfrutar de este lugar tan emblemático no significa haber visto Granada en su totalidad. Para decir que has deleitado esta maravillosa urbe, antes deberías haber visitado su casco histórico. Allí se encuentra la Catedral o la calle Elvira, famosa por sus tiendas de temática árabe y algunos comercios como las teterías. Por otro lado, un punto que no debes pasar por alto es caminar por la Carrera del Darro, también llamada Paseo de los Tristes. Este nombre popular se debe a que antiguamente pasaban por esa vía los cortejos fúnebres hasta el cementerio.

La guinda para finalizar la visita es descubriendo los barrios de Albaicín y Sacramonte.  Son arrabales, conjuntos de viviendas con una tonalidad de color blanco en sus fachadas y caracterizadas por balcones y calles de piedras. Hacia allí acuden cientos de personas para perderse en sus calles o acudir al famoso mirador de San Nicolás. En él, se pueden apreciar unas increíbles vistas panorámicas hacia La Alhambra y ver el atardecer.

Granada no puede resumirse en palabras. Hay que verla, disfrutarla y saborearla lo máximo posible. No hay lugares pequeños, simplemente tienen su historia bien escondida. Y este es uno de ellos.

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Abuela

Abuela

Hoy he tenido una conversación profunda con una persona. Con una luchadora incansable. Su vida se ha basado en la pelea constante por sobrevivir en una sociedad cosificadora que llevaba (y lleva) el machismo por bandera. Enviudó joven, demasiado joven para la época. Despidió a su hijo, que fue a buscar un futuro. A su cargo, una niña que también sufrió las consecuencias del patriarcado. Con una pensión vergonzosa, rompió con todos sus miedos y los esquemas y voló, tan tan alto como le permitieron. Ella es mi abuela. Tiene 84 años, pero su rostro no muestra el paso del tiempo, sino fortaleza. Una arruga por cada batalla ganada y una cana por todo lo vivido.

Esquemas

Esquemas

Me rompió todos los esquemas de mi hoja de problemas.

No. No era un esquema estructurado. Era un desastre, como yo en aquella época.

Mi vida se basaba en vagar sin destino, buscando algo que me motivara a la salida del primer rayo de sol.

Creía que nada valía la pena, que yo no valía la pena.

Que la bondad se había pasado de moda, y que mi futuro se basaría en intentar sobrevivir a un mundo egoísta y déspota. En este mundo, el intercambio es la base del consumo. Si tú me das algo, yo te daré algo a cambio.

No quedaba nadie que hiciese las cosas por voluntad. Nadie.

Excepto tú.

Rompiste mi esquema basado en problemas.

Lo quemaste.

Plantaste las cenizas,

y floreció una nueva yo.

Gracias 🌿

Mi cóctel molotov particular

[¿Cómo titular este desastre?]

Hoy es viernes noches

Me dispongo a trasnochar con un combinado en mano.

La diferencia es que este combinado no es de alcohol. Mi mente aguarda la mezcla más explosiva. Culpa, miedo, sentimientos encontrados, duda… qué combinado tan perfecto. Un cóctel, pero molotov.

Mi cerebro está próximo a estallar, mi mente al borde del colapso y mi estabilidad emocional a la puerta del fracaso.

Quiero llorar pero no puedo. Quiero gritar pero no debo.

Quiero saber por qué yo no, pero otros si.

La mente del que no se a(r)ma

Nos creemos tan poco, tan inferiores, tan insignificantes. Siempre miramos al otro, al de al lado, aquel al que todo parece irle de perlas, al que tiene virtudes y aptitudes, al que se le da bien y lo hace bien. La depresión nos invade, la autoestima se envuelve en una atmósfera negra llena de pensamientos negativos y nefastos, el suelo no es el límite para nosotros y nos hundimos en el subsuelo, bajo tierra, como si fuese un ataúd de autoestima tapado con una pila de sentimientos nocivos. No salimos de ahí, es como una especie de zona de confort donde evadirnos de la realidad y creer para toda la vida que no valemos, que estamos mejor así sin creer en nosotros y ver como otros pisan el suelo donde estamos enterrados.

La mente del que no se a(r)ma esconde tantos secretos y tantos temores, fantasmas del pasado y errores. La mente del que no se a(r)ma es tan impredecible que nunca sabes por donde saldrán los tiros. Deja de no amarte y empieza a armarte. Ármate de valor, de ganas, de fuerza, ármate y dispara contra todos tus temores, tu sufrimiento, dispara ‘’al no puedo’’ y de paso al ‘’no lo voy a conseguir’’

Ármate y ámate.

Iguales a la par que diferentes

Nos gustan cosas distintas. Tú visualizas un mundo imaginario mientras yo lo vivo en carne propia. Tú luchas con un teclado y un ratón mientras que yo lo hago escribiendo. Porque tú te dedicas a las nuevas tecnologías y yo me aferro al desusado papel.

Nunca dos polos opuestos se han atraído tanto. Muchos no se molestan en entenderlo. Yo quiero aprender de ti, de lo que te gusta. No quiero dedicarme a ello ni imitarte para gustarte más o gustarles a terceros, tampoco pretendo que tú lo hagas. El amor que sentimos, la fuerza con la que lo vivimos, el respeto que nos tenemos y el aprendizaje mutuo es lo que nos hace eternos. No hace faltar hacer lo mismo para entendernos, porque con la mirada nos conocemos.